CONVIVENDO EN MARRUECOS
¿ESCRIBIR UN BLOG? ¿YO?

¿ESCRIBIR UN BLOG? ¿YO?

Para mi escribir un blog personal o profesional es un reto al que nunca me he enfrentado, y quizás la clave está en tomármelo así: un paso más que dar y una barrera más superar, una forma de expresión.

REGLAS MORTALES: Lastre eterno?

REGLAS MORTALES: Lastre eterno?

Esta entrada no tiene nada que ver con la “ídilica” vida camper, ni con viajes maravillosos.
Más bien va de viajes femeninos dolorosos, y como soy la dueña y señora de este blog, me voy a aventurar a escribir lo que me apetezca.

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ESCRITO 1

Anoche llegué a Rabat. Me recogieron del aeropuerto mis amigos marroquíes Mehdi y Ania. Se agradece la cálida bienvenida de toda su familia al llegar a su casa. En el corazón de la Medina de Sale y justo detrás de la muralla. Sale es un barrio al cruzar el río, muy cerca del centro de Rabat. Ni que mentar la cena monumental al llegar la primera noche. Adoro la gastronomía marroquí. Al principio se cortaron a comer con las manos, hasta que yo misma empecé a hacerlo. Se fue la vergüenza al saber que yo era también de la tribu.

No podía imaginar que el padre de Mehdi fuera tal artista. Lo mismo pintaba un mural, que te hacía un cabecero para la cama, o te cosía un traje tradicional bereber. También es DJ y me enseñó una camiseta donde aparecía sublimado él en una mesa de pinchar y algunas palabras árabes. Fue bastante cómico. 

Algo que sigo sin comprender me conecta con esta cultura. Dentro de este kaos me siento imperturbable y mis problemas primer-mundistas desaparecen en cuanto piso tierra.

La mañana siguiente salimos temprano para visitar Meekness. No tenía mucho encanto, pero solo pasear por sus calles me hacía por fin disfrutar de estar viajando.

El goce del viajero. La misma sensación tuve cuando visitamos otro pueblo esa misma tarde llamado Moulay Yacoub. Entramos en un auténtico Hamman marroquí. Ania, su hija y yo nos dirigimos hacia la zona femenina del Hamman. El vivir estos momentos de mimetizarte totalmente en un rincón de su cultura es a lo que me refiero con el goce, al menos el mío. Estaba olvidándome de cuánto viajar puede llenarte el alma. No puedo permitir que se me vuelva a olvidar, es un tipo de educación vital. 

NOTA: NO TE OLVIDES DE VOLAR Y DE SOÑAR.

Mujeres marroquíes en tetas y la mayoría desnudas, lavándose las unas a las otras, lavando a sus hijos y exfoliando sus cuerpos alrededor y dentro de una gran piscina de aguas termales de azufre, la cual podéis imaginar cómo olía a huevo podrido. Sorprende verlas desnudas cuando siempre van tapadísimas, me hace pensar que este será uno de los pocos momentos de liberación “pública” de los que disfruten. Los manojos de pelo se me enredaban entre los dedos de los pies, y las manos al intentar nadar (o más bien moverme) dentro de la piscina. Esto y muchas cosas más que la mayoría no podrían soportar, pero que para mí eran de lo más enriquecedor de experimentar. Una mujer vino a mi y me dió un supuesto masaje que no sé si era bueno o malo para mi cuerpo, pero que obviamente tenía que dejarme recibir, seguido de la típica exfoliación de hamman que te saca la roña del alma.

ESCRITO 2

La conservación de las costumbres tradicionales y el folklore en este tipo de cultura me parece tan inteligente y bonito. Todo lo que nosotros no hemos sabido hacer, ellos lo conservan y con mucha fé. La familiaridad, la unidad ya no solo en la familia sino en vecinos y amigos me hace sentir una envidia sana a pesar de mi recurrente nomadismo en solitario. Veo en ellos muchas cosas positivas de las que tomar ejemplo y que yo misma aplicaría en mi vida y relaciones. 

¿Quién, en España, compra una vaca, varios pollos, kilos y kilos de verduras y comida para alimentar a todo un vecindario y a varias familias para dar una fiesta especial? 

Después de la visita al balneario, estuvimos casi todo el día desplazándonos en coche, buscando un mercadillo tradicional Bereber que nunca encontramos. Debería haber escrito más en este viaje, pero aquí no soy consciente de la noción del tiempo y los días, y las vivencias se mezclan en mi mente.

Visitamos Fez durante medio día: se respiraba estrés, persecución y carne de cañón para los turistas. Mi suerte era ir con nativos. Los mejores viajes son lo que la gente local comparte contigo.

Como dije, aquí no existe el tiempo y me da la sensación que la mayor preocupación es cubrir necesidades básicas para uno mismo y los suyos. La gente disfruta de estar con su gente. Me parece todo tan diferente que por eso me fascina. Marruecos me seguirá sorprendiendo cada vez que vuelva. 

 Escogería lo para mi positivo de cada cultura que he conocido y crearía la mía propia. Pedacitos de sabiduría para crear mi propia religión. Aunque, ahora que lo escribo, creo que así es exactamente cómo me estoy desarrollando. Aprender de cada viaje, de las personas, de cada miedo superado y convertirlo todo en mi legado. Lo que quiero que la gente aprenda de mí.

 Volviendo a la compra de la vaca, los pollos y el arsenal de comida para todo el vecindario: Nos levantamos a las seis de la mañana para ir al típico mercado de venta de animales, verduras y un poco de todo. Tras echar un vistazo a varios especímenes vacunos, el carnicero y amigo de la familia, que iba a ser el que tuviera los honores de matar a los animales y prepararlos para la fiesta, negoció y cerró precio por una vaca de color negro. Una camioneta vieja nos seguía con los animales dentro hasta llegar a la casa en Sale. Paseamos la vaca y todo la ataranza por las callejuelas con la ayuda de unas personas que tenían una especie de carros de madera para cargar todo a cambio de unos dirhams. La casa tenía tres pisos bastante altos, y la vaca subió por las escaleras hasta el ático donde sería la matanza. Me invitaron a presenciarla, pero eso ya era demasiado para mí. Desde abajo oía las pezuñas de la vaca golpear el suelo, pero no gritó en ningún momento. Cuando todo había terminado, las mujeres cantaban y gritaban el rezo dando gracias por aquel sacrificio. Me dirigí hacia el ático y estaban fregando hacia el sumidero, los restos de sangre. Ya toda la carne estaba cortada y colgada para secar y poder cocinarla en unas horas.

ESCRITO 3

La fiesta que habían organizado era un tanto especial, me habían explicado de qué iba el tema, pero hasta que no llegó el momento no pude imaginar que fuera una vivencia tan auténtica culturalmente hablando. Ritual de creencia, inciensos de todo tipo, espíritus, brujos y brujas, un color en representación de cada profeta, 9 en total. Y comida, mucha comida. El grupo de música tradicional llegó antes de la fiesta, para llenar el buche y fumar en pipa algo que desconozco su nombre pero que me dijeron que era diez veces más fuerte que el hachís, quizás era opio. Vestían trajes tradicionales, y cada uno llevaba el color del espíritu al que veneraban.

La casa se convirtió en el centro de reunión de todo el barrio y más allá. Me contaron que una de las mujeres («la bruja») y su hija habían venido desde el Sahara solo para asistir a esta ceremonia. Al parecer mi amigo es uno de sus discípulos en este tipo de rituales, y son bastante reconocidos. De ahí la capacidad también económica de poder organizar este evento e invitar a tanta gente. La bruja era una mujer bastante robusta, y sí, con toda la pinta de ser una bruja.

Cuando los músicos empezaron a tocar todo giraba en torno a ellos y a su música, que me pareció más bien música de trance. Por lo que había entendido, cada parte de la ceremonia estaba dedicada a un profeta (a un color) y las mujeres vestían de esos 9 colores dependiendo del espíritu que tuvieran dentro. Empezaban a salir al centro de la sala cuando su color sonaba. Caras descolocadas, temblores, espasmos, cabezas moviendo sus melenas hacia arriba y hacia abajo. Desde luego estas mujeres entraban en trance, de una manera u otra. Amor por su religión y devoción total. La gran bruja controlaba a los que estaban más poseídos, por si se caían o se golpeaban la cabeza con la esquina de algún mueble o entre ellas mismas. Solo dos hombres entraron en trance, entre ellos Mehdi. El negro era su color. La gente lo respetaba como brujo. Las velas se derretían en sus manos mientras bailaba con los ojos en blanco y el fuego no quemaba sus brazos ni su cara. La música era, simplemente, fascinante. La gente creo que se sorprendía al ver a “una blanca” en aquel tipo de evento. Pero la verdad que me sentí bastante bien acogida.

ESCRITO 4

No sale de mí el escribir lo malo que pudiera haber visto aquí. Creo que todos sabemos o tenemos una idea aproximada de lo negativo de otras culturas, así como la nuestra también tiene las tiene. Me quedo con todo lo que me han enriquecido estos días de mi última visita a Marruecos, conviviendo con marroquíes y adentrándome en su día a día para poder añadirlo a mi experiencia. Agradecida es poco.

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